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martes, 7 de febrero de 2012

Pojx


“Al anochecer, los espíritus de la muerte salen de sus cuevas, se convierten en murciélagos y vuelan a comer guayabas”

Esta narración es de los taínos, la cultura de las Antillas que observó por primera vez a los europeos, aunque también fue de las primeras en desaparecer, y que legó al idioma español los nombres de varias plantas, entre ellas el de la guayaba. La creencia taína es una descripción fiel del comportamiento de los murciélagos, que vuelan de noche para alimentarse de néctar, insectos o frutos, y que tienen una relación (interacción es la palabra utilizada) con la planta cuyos frutos se comen.


No hay duda que comer guayabas beneficia a los murciélagos, constituye su alimento y así obtienen energía para vivir y volar, y seguramente otras propiedades de la guayaba les resultarán muy útiles (imaginen tan sólo los beneficios que la guayaba tiene para nosotros). Pero, ¿qué gana la guayaba con que se coman sus frutos? La respuesta está dentro del fruto, es decir, en las semillas que como todos sabemos, si llegan a germinar pueden crecer y crecer hasta llegar a ser un árbol adulto como su mamá-árbol-guayaba.
Guayabas michoacanas

Así que la historia es la siguiente, el murciélago se come los frutos y beneficia a la planta de dos formas; la primera es que vuele lejos, llevándose el fruto (semillas incluidas) muy lejos del árbol que las produjo. Y la segunda es que al comerse el fruto, las semillas atraviesan su intestino y, en el proceso, su cubierta se adelgaza; cuando son defecadas, esas semillas tienen mayor probabilidad de germinar. Con una cubierta más delgada, y lejos de su mamá-árbol-guayaba, la semilla germinará y crecerá hasta ser un árbol adulto que producirá nuevas guayabas, que los murciélagos comerán y… así sucesivamente.

Y esta labor la hacen no sólo los murciélagos; cuando los europeos introdujeron el ganado vacuno en las Antillas notaron que las guayabas les causarían problemas, ya que las vacas se comían los frutos y, al ser defecadas, las semillas crecían muy bien en el excremento de las vacas; así, los pastizales que intentaban crear se llenaban de árboles de guayaba. Pero al final, a los conquistadores también les gustaron las guayabas, tanto que se dieron a la tarea de llevar la planta al resto de los continentes en los cuales se cultiva hoy para consumo humano; y en muchos casos también alimentan animales, los cuales se comen sus frutos, dispersan sus semillas, que germinan y crecen y… creo que ya me entienden.


Murciélago insectívoro en Tlahuitoltepec Mixe
De esta manera, plantas como la guayaba producen frutos carnosos, coloridos y olorosos que son sumamente atractivos para los animales, lo cual no tiene otro objeto que la dispersión de sus semillas. La planta sólo espera al primer antojadizo que se cruce con la mamá-planta-guayaba, incluyendo murciélagos-espíritus de la muerte, para que transporten lejos a sus semillas. De cierta forma, la guayaba seduce a quien la come para que aún en la muerte, vuelva a comer sus frutos.

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La guayaba es uno de los pocos frutos de origen mesoamericano cuyo nombre en español no deriva del nahuatl, sino del idioma de los taínos de las Antillas. En nahuatl se le conoce como Xalxocotl, o jocote arenoso (el jocote es el ciruelo amarillo, aunque xocotl también significa agrio). En mixe es Pojx y en zoque Pots, del cual deriva el nombre de una población de la sierra llamada Pots äm (Lugar de guayabas).

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Existe extensa información sobre la guayaba, desde sus extensos usos medicinales, sus métodos de cultivo y crecimiento. Y aquí una descripción de cómo un murciélago se come una guayaba.

miércoles, 11 de enero de 2012

La sonrisa de Benito Juárez


¿Lo han intentado? Con sólo tres dobleces en un billete de 20 pesos es posible hacer sonreír a Benito Juárez, un fenómeno óptico que lo hace transitar de la seriedad y sutil sonrisa que muestra a una pícara sonrisa con ojos astutos. ¿Qué es lo que podría esconder este alegre rostro si le tocó estar en el billete de menor denominación? Ya que inventar relaciones entre cosas que no las tienen constituye una de las tareas a las que ocasionalmente me dedico, aquí va su historia:

La sonrisa de Benito Juárez en el billete
de 20 pesos
Cuando Benito Juárez bajó a la ciudad de Oaxaca (después del episodio de los borregos perdidos) sólo hablaba zapoteco, y por lo tanto, contaba en zapoteco. En el idioma zapoteco, así como en otros idiomas mesoamericanos, el sistema de conteo es vigesimal y no decimal como el que heredamos de la India; Benito Juárez por lo tanto, contaba de veinte en veinte, la denominación del billete que porta su cara.  

La unidad principal de esta forma de contar es el número 20 (ee'px, cempohuali, ma ekuatse, galo) y se usa por igual en la actualidad, aunque con diferentes nombres, por ayuujk y nahuas, purhépechas y mayas, mixtecos y zapotecos, entre otros pueblos. Alguna vez, en la época prehispánica tuvo una forma de representación en forma de puntos, barras y caracoles; ampliamente utilizados por los mayas, pero con raíces mucho más antiguas. De hecho, puntos y barras fueron utilizados con anterioridad por zapotecos, ñuiñés y mixe-zoques para numerar objetos y marcar fechas en sus calendarios.

Contar de 20 en 20 no es tan difícil como parece, es sólo cuestión de acostumbrarse a los numerales utilizados. Un punto representa un 1 (hasta cuatro puntos) y una barra un 5 (hasta tres barras), el sistema es aditivo hasta el 19 (3 barras y 4 puntos), momento en el cual se convierte en posicional; a diferencia del sistema decimal, la posicionalidad no es horizontal, sino vertical. Así, 20 (1x20) se representa con un punto en un nivel superior al del cero, hasta llegar a contar 19 veintes (19x20=380), el tercer nivel es el de 400 (1x400), que se cuenta hasta 19 veces(19x400=7600) para alcanzar el nivel de 8000, y así sucesivamente, en forma de potencias de 20. Para que el sistema posicional haya funcionado, fue necesaria la invención del símbolo del cero, lo cual ocurrió en tiempos anteriores a los del sistema decimal.
Numerales de puntos y barras en la
Estela 1 de la Mojarra,  Veracruz.
Con escritura epi-olmeca, es del siglo
II. d. C.

La numeración vigesimal también fue utilizada en los calendarios prehispánicos para marcar fechas, es el llamado calendario de cuenta larga, y si bien la mayoría de los registros son mayas, también fue heredado de culturas anteriores que habitaron la zona olmeca cientos de años atrás. La fecha más vieja registrada en un calendario de este tipo (36 a. C.) procede de Chiapa de Corzo, un sitio arqueológico zoque. En dichos registros no existe algún símbolo que represente al cero; sin embargo, la utilización del sistema posicional vertical implica necesariamente su uso en la escritura.

El sistema de conteo vigesimal es una particularidad que pueblos de familias linguísticas no relacionadas comparten. Al perderse la escritura prehispánica de estos pueblos, también se perdió la necesidad del sistema posicional, y por lo tanto, la utilización del cero cayó en desuso. No obstante, a pesar que la numeración escrita se halla sólo en estelas y códices, la numeración oral se ha conservado en muchas culturas en las que aún contamos de 20 en 20.

Cenzontle (Palenque, Chiapas). Ave cuyo nombre deriva del nahuatl y significa literalmente
cuatrocientos, el primer número del tercer nivel de numeración vigesimal. Ce=1 tzontli=400.

Este sistema habla no sólo de diversidad lingüística (cada quien nombra los números según su idioma) sino también de unidad entre culturas. Desafortunadamente hay indicios que se está perdiendo, pues hoy varias comunidades indígenas conservan su idioma, pero cuentan en español. En estos casos, no sólo se pierde el nombre dado a los numerales, sino todo un sistema de conteo que, entre otras cosas, inventó el cero. El fenómeno óptico del billete de 20 pesos tiene dos caras, si uno mueve el billete en la dirección contraria, Benito Juárez en lugar de sonreir se mostrará más triste ¿será que sabe algo?

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El sistema vigesimal oral se utiliza en muchas lenguas indígenas, en algunos casos casi intacto y en otros se ha modificado por el contacto con el sistema decimal. Por ejemplo, en el ayuujk de Tlahuitoltepec el sistema de conteo utilizado en transacciones y operaciones sencillas mezcla el sistema vigesimal con el decimal, del 1 al 100 es vigesimal, las centenas hasta el primer millar son decimales, los millares vuelven a ser vigesimales y después de la primera centena de millar es nuevamente decimal. En este y otros idiomas no sólo se modifica el conteo, sino también se han introducido préstamos lingüísticos como ciento, mil y millón, y aunque aún se conozcan los nombres dados a 400 u 8000, rara vez son utilizados en contextos comunes.

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Una vez en Oaxaca, Benito Juárez también aprendió francés, tal vez debió sorprenderle que esta lengua conserva nombres de numeración vigesimal, al igual que otrasalrededor del mundo. Una explicación más extensa sobre el sistema de conteo vigesimal puede hallarse aquí.

lunes, 5 de septiembre de 2011

El cine y el mar


Hace aproximademente un año conocí el Festival de Cine y Video Indígena que se realiza en la ciudad de Morelia, Michoacán. De entre las variadas proyecciones del festival, quedaron en mi memoria las imágenes de “El camino a donde voy”, un documental que entre sus historias relata cómo una pareja de ancianos mayas de Sotuta, Yucatán cumplían su sueño: conocer el mar.

Al igual que los ancianos de la película, para muchas personas el mar es algo que sabemos que existe, pero que nunca hemos visto. Lo mismo pasa con las comunidades indígenas de nuestro país, seamos indígenas o no, hemos oído que viven, pero no sabemos cómo lo hacen, si se parecen a nosotros, si tienen las mismas preocupaciones, si les gustan las mismas cosas, o si viven su vida –campesina o urbana- de la misma manera en la que uno lo hace.

Tres de los videos del Festival llamaron mi atención por ser de Oaxaca, y que además son relatados desde el interior de los pueblos. “El rebozo de mi madre” muestra la visión de una cineasta que salió de su pueblo cuando era niña, y a través de la pregunta ¿cómo sería mi vida si no me hubiera ido? narra episodios actuales de la vida en la Mixteca oaxaqueña. Por otro lado, “Jotooky Pëtsëëmpë, Jaraneros Mixes de Guichicovi” se acerca a los músicos que tocan instrumentos de cuerda, en este municipio del Mixe Bajo, para documentar su historia y mostrarnos, a nosotros los de fuera y a ellos los de dentro, cómo este tipo de música se relaciona con la vida del pueblo. Finalmente, “Me parezco tanto a ti” filmada en un pueblo zapoteco de la Sierra Norte, se acerca de manera fascinante a las mujeres de Guelatao, adolescentes y ancianas, para contarnos su vida, sus aspiraciones, sueños y experiencias; este cortometraje recibió el premio Universitario del Festival.

Si bien cualquier película sólo nos muestra la visión del director sobre la idea que quiere transmitir, creo que estos espacios contribuyen a que aquellos que esten interesados en conocer las realidades indígenas lo puedan hacer. Y aún más, para que los pueblos se vean reflejados en una pantalla y puedan conocer al resto de los pueblos; lo cual es mejor cuando el video es utilizado no sólo para documentar desde fuera, sino desde el interior.

En uno de los documentales del festival un joven teenek dijo que él quería salir y conocer otros lugares, para ver si hacen las cosas como en su pueblo, si tienen las mismas celebraciones o las mismas danzas; para preguntarles por qué lo hacen, así como cuando a él le preguntan sobre su vida y sus actividades en su pueblo. Independientemente del lugar o la cultura a la que pertenezcamos, todos tenemos sueños, y el cine y el video nos permiten conocer los de otros. Y quién sabe, tal vez cuando los cumplamos, así como declaraban los ancianos mayas de Sotuta después de conocer el mar, podamos morir en paz.

martes, 8 de febrero de 2011

Yuu’n, el arado en el cielo

Para los griegos de la Antigüedad, la constelación conocida como Orión representaba a un hábil cazador, quien después de morir a manos de una flecha de Artemisa (o herido por un escorpión, según la versión) fue elevado al cielo. En el cielo nocturno, Orión es fácilmente identificable por formar un cuadrilátero irregular en cuya mitad se ubica un grupo de tres estrellas conocido como el cinturón de Orión.

En el actual medio rural de México las constelaciones también reciben nombres, dependiendo del grupo cultural al que se pertenezca. Para los p’urhépecha, la constelación de Orión forma la figura del Arado (araro joskua), y su movimiento marca el inicio del año nuevo p’urhépecha (Juchari uéxurhini). 

Con la festividad del fuego nuevo (Kurhikuaeri k’uinchekua) comienza un nuevo año entre los p’urhépecha, y se efectúa como tal desde hace 29 años, cuando inició el rescate de esta tradición interrumpida durante la Colonia. Cada año se efectúa en una comunidad diferente, perteneciente a alguna de las subregiones p’urhépecha (sierra, ciénaga, lacustre, cañada). Como sucede en otros pueblos de Mesoamérica, su año se basa en el calendario de 18 meses de 20 días, a los que se añaden 5 días funestos.

Música y danzas p'urhépecha, la noche del año nuevo en Jarácuaro, Michoacán

A la ceremonia del fuego nuevo asisten las distintas comunidades p’urhépecha, mientras paralelamente se desarrollan actividades culturales y artísticas que refuerzan su identidad regional. Este año pude presenciar esta ceremonia, realizada en la comunidad de Jarácuaro a orillas del lago de Pátzcuaro. La fecha correspondiente en el calendario gregoriano es la noche del 1 de febrero, en el momento en que el Arado (el cinturón de Orión) se encuentra a mitad de su recorrido en el cielo, poco antes de la medianoche.

Durante la ceremonia, los ancianos de la comunidad sede encienden el fuego nuevo sobre una plataforma expresamente construida para este momento. Una vez encendido, el fuego es compartido a los demás asistentes en trozos de ocote. Posteriormente las cenizas y otros símbolos son legados a la siguiente comunidad donde se efectuará la misma ceremonia al año siguiente hasta cumplir 52 años, un siglo según la tradición mesoamericana.

El fuego nuevo es compartido por los asistentes a la festividad (Jarácuaro, Michoacán)

Al asistir a esta ceremonia, pensé en los paralelismos existentes con las tradiciones ayuujk, aunque con sus evidentes contrastes: en las comunidades ayuujk, el año nuevo (aunque se utiliza el del calendario gregoriano) también representa una fecha importante para cada comunidad, y en particular para las autoridades que rigen a los pueblos; la transmisión de poderes en Tlahuitoltepec (al igual que los símbolos p’urhépecha de la ceremonia) es un acto trascendental; y de forma semejante a los p’urhépecha, el arado (yuu’n) es también entre los ayuujk una constelación del cielo nocturno.

Los p’urhépecha han hallado en las actividades de carácter regional la oportunidad para mantener vivas sus tradiciones, y recuperar las que fueron olvidadas; los ayuujk, en las actividades de carácter más local. Ambos, teniendo como testigos un arado en el cielo, el instrumento de labranza que fue introducido por los españoles, pero que hoy es fundamental en las actividades agrícolas de los pueblos.

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Puedes conocer más sobre la cultura p’urhépecha y la festividad del fuego nuevo en este enlace.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Pijy

Hace poco un profesor nos preguntaba: ¿Cómo sería la vida si no existieran las plantas con flores? El mundo en el que vivimos está lleno de ellas, es más la mayoría de las plantas que conocemos y nos son útiles son plantas con flores; frutales, cereales, leguminosas y verduras son plantas del grupo de las angiospermas, es decir, plantas con semilla cubierta (de forma distinta a las gimnospermas, que tienen semillas desnudas).

Flores de Tlahuitoltepec. De las familias botánicas: Asteraceae, Lentibulariaceae, Commelinaceae, Orchidaceae, Crassulaceae y Solanaceae

Si bien la pregunta que nos hiciera el profesor es retórica, puesto que las plantas con flores rodean nuestra vida cotidiana, hubo un tiempo en el que ellas no existieron. Aunque claro, me refiero al tiempo en el que ni siquiera se había originado el humano como especie. En realidad, quienes vieron las primeras plantas con flores fueron los dinosaurios, en el periodo Cretácico de la Era Mesozoica (hace más o menos unos 140 millones de años). Antes de eso, la vegetación era dominada por bosques de coníferas y helechos, semejantes a lo que podríamos ver ahora en los bosques de pino del país.

La flor de las angiospermas es una de las estructuras que diferencian al grupo del resto de las plantas. De los cuatro elementos básicos que conforman la flor, las estructuras más llamativas son los sépalos y pétalos, aunque en ocasiones también los estambres y el pistilo. Los pétalos deben su color a los pigmentos que poseen en sus células, que le dan tonalidades rojas, amarillas, azules, blancas o violetas, o una mezcla de todos esos colores.

Pétalos e inflorescencias de distintas flores de Patamban, Michoacán...

La existencia de plantas con flores ha sido aprovechada por muchas culturas, no sólo desde el punto de vista alimenticio o medicinal, sino en muchos casos como un elemento estético o ritual. En los primeros registros de entierros humanos se ha encontrado polen como prueba de que se depositaban flores a los difuntos, aspecto que se sigue manteniendo en la actualidad, y que en México alcanza su máxima expresión con la cempasúchil o flor de muerto.

Quizás una de las expresiones más bellas de esto sean los tapetes florales elaborados por los p’urhépecha de Patamban, Michoacán. En estos tapetes se utilizan los pétalos, sépalos, flores enteras, frutos y hojas de las plantas de la comunidad para elaborar distintas escenas y motivos geométricos; el resultado es un espectáculo visual impresionante. Si no existieran las plantas con flores, ¿cómo podríamos disfrutar estas expresiones artísticas?

 ... son utilizados para elaborar tapetes florales. En la foto, una muestra de ellos en Morelia.

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En el idioma Ayuujk, Pijy designa a la flor como estructura de la planta, aunque también aparece como sufijo de algunas plantas sin relación aparente, por ejemplo ajää’pijy (cacaloxochitl, Plumeria rubra), makpijy (cempoalxochitl, Tagetes erecta) y xuu’kxypijy (flor de colibrí, Cuphea aequipetala). Incluso es utilizado en algunos animales, por ejemplo el jaguar o kuxïpijy.