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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Chamizo de navidad


La navidad de nuestros tiempos es una tradición que ha incorporado plantas y animales de origen diverso. De tierras mexicanas por ejemplo, se sumaron la flor de nochebuena y  el guajolote, mientras que de tierras europeas llegaron los nacimientos y el ya popular árbol de navidad. Si bien esta celebración se extiende por todo México, no se reproduce de igual forma en las zonas urbanas que en las rurales, ya que en las ciudades es común hallar típicos árboles de navidad con luces de colores y esferas, mientras que en otros sitios los nacimientos carecen de estos “típicos” árboles.

En las frías tierras europeas de donde vino la tradición de adornar un árbol en navidad, los árboles que dominan el paisaje son las coníferas, plantas que no tienen flores y cuyas semillas se producen en un cono (de allí que se llame conífera-la que lleva un cono). Éstos son los típicos árboles de navidad, que en México tienen su equivalente en los abetos y oyameles, los pinos, cedros blancos, ayacahuites y otros más que se comercializan en estas fechas. La diferencia entre México y Europa es que nos encontramos mucho más al sur, dentro de la franja intertropical y que por tanto, tenemos una gran cantidad de árboles tropicales en comparación con la cantidad de coníferas, que son árboles de clima templado (con sus excepciones).

Pinus en la Sierra Mixe, Oaxaca
Pero no hay que entender con esto que en México no hay coníferas. Al contrario, gracias a las altas montañas y mesetas, México es de los países que tiene más especies del género Pinus (pinos, ayacahuites, ocotes). Y los hay desde el nivel del mar (pino de mar) hasta las zonas alpinas (Pinus hartwegii). Esto garantiza un abasto de árboles para las fechas decembrinas, pues existen condiciones ambientales y de suelo para que puedan sembrarse los típicos árboles de navidad.

Si bien esto es cierto para las zonas urbanas, a las cuales se pueden llevar árboles de navidad con la perfecta forma cónica, no ocurre así para las comunidades rurales alejadas de las redes de distribución de los árboles típicos, e incluso para aquellas que se hallen rodeadas de bosque es posible que no haya árboles apropiados para colocar el nacimiento. Imagine, por ejemplo, una comunidad del estado de Yucatán que vive en medio de una selva seca ¿de dónde obtendrán un árbol para navidad?

En algunas comunidades optarán por un árbol de plástico, común en estos tiempos, o si viven en zonas templadas tal vez decidan incursionar en el bosque que, como hemos dicho, se halla lleno de pinos. Pero oh decepción, resulta que si bien en México hay una gran cantidad de pinos, no todos tienen la misma forma. Parte de la riqueza biológica estriba en que no todas las especies de Pinus se parecen, especialmente en la forma. Los hay con tallo recto o retorcido, con acículas (hojas) cortas o muy largas, con forma cónica, ovalada o irregular. Y así, entre una u otra cosa, no todos cumplen con los requisitos para ser un cónico árbol de navidad.

Pinus más navideños en la Sierra Madre Occidental, Chihuahua

Es entonces que se recurre al ingenio: si quiero un árbol para navidad y que adorne el nacimiento, tomaré a la mano lo que haya en el bosque, sólo se necesita ver más allá de lo común. De ahí que un amigo contara alguna vez que vio adornado una planta de plátano de navidad; por mi parte, he visto numerosos y variados arbustos de navidad, espinos blancos de navidad (Acacia farnesiana), ocotes de navidad, duraznos y tejocotes de navidad y por supuesto, chamizos (Baccharis conferta) de navidad. Es la diversidad arbórea de la navidad.

martes, 13 de noviembre de 2012

Amarillo noviembre


¿No les ha pasado? Salen al campo a buscar tsenpe’ex, la ven de lejos y cuando se acercan, descubren que no es tsenpe’ex, sino ut. Aunque con un buen ojo a lo lejos se distingue una de otra, y es obvio que tiene uno que estar buscando tsenpe’ex, porque si así no fuera ¿por qué la confusión?

La anécdota es real, tsenpe’ex y ut son los nombres en mixe para dos plantas que florecen alrededor de noviembre. Las dos son silvestres, son vistosas y son amarillas. Sucede que en la parte alta de la Sierra Mixe la flor principal para adornar los altares del Día de muertos no es la “típica” cempasúchil. Y digo que no es la típica porque sí son cempasúchil, pero no la flor grande que se comercia en los mercados (Tagetes erecta), sino unas plantas silvestres emparentadas con ella, que huelen igual y son del mismo color, pero que son mucho más pequeñas (Tagetes lunulata y Tagetes tenuifolia).

Como estas cempasúchil o tsenpe’ex son silvestres, hay que ir a buscarlas a los campos de cultivo en días previos al 2 de noviembre para tenerlas listas para el altar. Por ello de lejos se buscan los manchones amarillos en el campo, y allí surge la confusión pues en las mismas fechas florece la flor llamada ut (Tithonia tubaeformis), que también crece en los campos de cultivo. Y no sólo son estas dos, también hay otras hierbas con flores amarillas que de lejos parecen tsenpe’ex, hasta que se acerca uno y descubre desilusionado que no lo son, y que por ello debe uno seguir buscando un poco (o un mucho) más allá.

Altar de muertos con tsenpe'x. Tlahuitoltepec Mixe. 

Tenemos entonces un ejemplo de sincronización de la floración en plantas que comparten un atributo, que en este caso es el color amarillo de las flores. No es la única, hace poco también ocurrió una sincronización de plantas cuyo común denominador es el tener flores rojas: había tigridias, frijoles, dalias y platanillos floreciendo al mismo tiempo. La inferencia de ello es que podría existir una asociación entre la temporada del año y el color dominante de las flores. ¿Será así?

La floración es una etapa en la vida de las plantas, quizás la más vistosa, que responde a cambios en el ambiente. Para algunas plantas es la disponibilidad de agua, para otras la luz, la temperatura o todas las anteriores; en resumen, la floración no ocurre de la misma forma en todas las plantas. Así que busqué si existía algún estudio serio que intentase responder la pregunta anterior, y no encontré nada. Es más, sólo recuerdo haber leído hace un tiempo una investigación hecha en Europa cuyos resultados indicaban que efectivamente, el color es independiente del tiempo y que en una misma temporada se pueden encontrar flores rojas, amarillas, moradas, blancas, etc. Si acaso, existen estudios de sincronización en dos plantas, como nuestro binomio tsenpe’ex-ut, pero no exploran el resto de las plantas que conforman el sistema. Entonces la sincronización existe, pero no va más allá de unas cuantas especies a la vez.

Flores de la sierra mixe.

Y así es, si uno se acerca un poco más, puede ver que debajo de la flores amarillas hay flores de todos los colores que, o bien inician su temporada de floración o la van terminando. Lo que genera la sensación de ver sólo flores amarillas por todos lados es una cuestión de cantidad. Plantas como tsenpe’x y ut son numerosas (ut es grande, además) y por ello opacan al resto de las plantas cuyas diminutas flores apenas si se hacen notar. Nuestros ojos, así como los de los polinizadores de estas plantas, son atraídos por lo más llamativo. Y no es para quejarse, gracias a estas explosiones de color, los noviembres son los meses más amarillos.

martes, 7 de febrero de 2012

Pojx


“Al anochecer, los espíritus de la muerte salen de sus cuevas, se convierten en murciélagos y vuelan a comer guayabas”

Esta narración es de los taínos, la cultura de las Antillas que observó por primera vez a los europeos, aunque también fue de las primeras en desaparecer, y que legó al idioma español los nombres de varias plantas, entre ellas el de la guayaba. La creencia taína es una descripción fiel del comportamiento de los murciélagos, que vuelan de noche para alimentarse de néctar, insectos o frutos, y que tienen una relación (interacción es la palabra utilizada) con la planta cuyos frutos se comen.


No hay duda que comer guayabas beneficia a los murciélagos, constituye su alimento y así obtienen energía para vivir y volar, y seguramente otras propiedades de la guayaba les resultarán muy útiles (imaginen tan sólo los beneficios que la guayaba tiene para nosotros). Pero, ¿qué gana la guayaba con que se coman sus frutos? La respuesta está dentro del fruto, es decir, en las semillas que como todos sabemos, si llegan a germinar pueden crecer y crecer hasta llegar a ser un árbol adulto como su mamá-árbol-guayaba.
Guayabas michoacanas

Así que la historia es la siguiente, el murciélago se come los frutos y beneficia a la planta de dos formas; la primera es que vuele lejos, llevándose el fruto (semillas incluidas) muy lejos del árbol que las produjo. Y la segunda es que al comerse el fruto, las semillas atraviesan su intestino y, en el proceso, su cubierta se adelgaza; cuando son defecadas, esas semillas tienen mayor probabilidad de germinar. Con una cubierta más delgada, y lejos de su mamá-árbol-guayaba, la semilla germinará y crecerá hasta ser un árbol adulto que producirá nuevas guayabas, que los murciélagos comerán y… así sucesivamente.

Y esta labor la hacen no sólo los murciélagos; cuando los europeos introdujeron el ganado vacuno en las Antillas notaron que las guayabas les causarían problemas, ya que las vacas se comían los frutos y, al ser defecadas, las semillas crecían muy bien en el excremento de las vacas; así, los pastizales que intentaban crear se llenaban de árboles de guayaba. Pero al final, a los conquistadores también les gustaron las guayabas, tanto que se dieron a la tarea de llevar la planta al resto de los continentes en los cuales se cultiva hoy para consumo humano; y en muchos casos también alimentan animales, los cuales se comen sus frutos, dispersan sus semillas, que germinan y crecen y… creo que ya me entienden.


Murciélago insectívoro en Tlahuitoltepec Mixe
De esta manera, plantas como la guayaba producen frutos carnosos, coloridos y olorosos que son sumamente atractivos para los animales, lo cual no tiene otro objeto que la dispersión de sus semillas. La planta sólo espera al primer antojadizo que se cruce con la mamá-planta-guayaba, incluyendo murciélagos-espíritus de la muerte, para que transporten lejos a sus semillas. De cierta forma, la guayaba seduce a quien la come para que aún en la muerte, vuelva a comer sus frutos.

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La guayaba es uno de los pocos frutos de origen mesoamericano cuyo nombre en español no deriva del nahuatl, sino del idioma de los taínos de las Antillas. En nahuatl se le conoce como Xalxocotl, o jocote arenoso (el jocote es el ciruelo amarillo, aunque xocotl también significa agrio). En mixe es Pojx y en zoque Pots, del cual deriva el nombre de una población de la sierra llamada Pots äm (Lugar de guayabas).

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Existe extensa información sobre la guayaba, desde sus extensos usos medicinales, sus métodos de cultivo y crecimiento. Y aquí una descripción de cómo un murciélago se come una guayaba.

lunes, 11 de abril de 2011

Patseen o el pino de los tontos

En realidad el nombre más conocido de este árbol es casuarina, y le llaman así porque dicen que sus ramas semejan las plumas de un ave llamada casuario. Con gusto les confirmaría si esto es cierto, si no fuera porque el casuario y la casuarina son de Oceanía, la cual está muy lejos, y además es muy caro llegar allá. Por suerte tiene otros nombres que lo relacionan con los pinos, y de ésos si tenemos de sobra en México (los pinos del género Pinus, como el ocote –tseen- y el ayacahuite, no los pinos de navidad).

La historia de la casuarina en nuestro país es menos conocida que la de otro árbol también originario de Oceanía: el eucalipto, enemigo público número uno de muchos biólogos. Al igual que el eucalipto, se desconoce con exactitud el momento en que la casuarina se plantó por primera vez en México, pero sí se sabe con certeza cuándo ambos árboles se introdujeron de forma masiva. El responsable de dicha acción, que no el culpable, fue Miguel Ángel de Quevedo, mejor conocido como el apóstol del árbol.

Las casuarinas se hicieron famosas en México a principios del siglo XX (en los años 20 más o menos), en el Puerto de Veracruz. Resulta que en el puerto soplan vientos muy fuertes en dirección sur, llamados por ello “nortes”, que han originado una zona de dunas costeras muy grande al norte de la ciudad; cuando llegan los nortes, la arena de dichas dunas es movida hacia el puerto, sepultando lo que se les ponga enfrente.


Casuarinas sembradas para estabilizar las dunas costeras de La Mancha, Veracruz.


Miguel Ángel de Quevedo, quien había estudiado en Francia, aprendió las técnicas que los franceses utilizaban en sus colonias del norte de África para contener las dunas de arena de las costas, entre las cuales es posible que se utilizaran casuarinas, importadas de Oceanía obviamente. Así, Miguel Ángel se hizo cargo de la estabilización de las dunas de Veracruz e hizo plantar un cinturón verde de casuarinas al norte de la ciudad, para que éstas fijaran la arena de las dunas y al mismo tiempo sirvieran como cortinas rompevientos.

Dicha técnica tuvo el éxito esperado, por lo que la casuarina se siguió utilizando en muchas zonas costeras para fijar la arena de las costas. Pero también fue ampliamente utilizada como árbol para reforestación en el interior del país, debido a su resistencia a la sequía y a que pueden crecer en suelos pobres en materia orgánica. Para 1940 era uno de los árboles más utilizados en los programas de reforestación a nivel nacional, y en algún momento de la historia, también llegó hasta la Sierra Mixe.

Pero las casuarinas no son los árboles más ideales para reforestar, cuando fueron introducidas a México no se manejaban aún los conceptos de especies exóticas e invasoras ni se tenía prioridad por mantener y propagar a los árboles nativos. Hoy en día en algunas zonas del Mar Caribe (por ejemplo, en la Reserva de la Biósfera Sian Ka’an, Quintana Roo) se ha demostrado que la casuarina es un árbol agresivo con la vegetación nativa, desplazándola debido a su rápido crecimiento y a que desprenden sustancias alelopáticas, que impiden el desarrollo de otras plantas y modifican el hábitat de numerosos organismos.


El centro de Tlahuitoltepec en 1969. Los árboles de la derecha son casuarinas. Título: Semana santa. Foto: Adrián Martínez González.

El extenso cultivo de la casuarina cerca de las costas motivó a que también se le llamara pino de mar o pino salado, pero el nombre más extravagante que recibió fue el de Pino de los tontos. Se le ha llamado así pues las ramas de la casuarina se parecen a las hojas de los pinos, e incluso sus frutos aparentan ser conos (o piñas) de los pinos, lo cual confunde a cualquier observador. Sin embargo, no pertenecen siquiera a la misma familia botánica: lo que parecen hojas en la casuarina en realidad son pequeñas ramas articuladas de color verde, las hojas son minúsculas y sólo se aprecian con una lupa en la base de cada rama.

Cuando las casuarinas arribaron a la Sierra Mixe, fueron sembradas en los centros de las localidades y en las escuelas. Recuerdo que en Tlahuitoltepec hace ya varios años existían casuarinas alrededor de la cancha municipal, y que después fueron cortadas en una de las múltiples remodelaciones que se han hecho. Más abajo, alrededor de la cancha del Capce aún existen los troncos de las casuarinas. En varios pueblos de la región persisten también, ya viejos, árboles de casuarinas como testigos de los programas de reforestación nacional de mediados del siglo XX, cuando los árboles de Oceanía llegaron a México.

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Al ser un árbol no nativo de nuestro país, la casuarina no tiene nombre en el idioma Ayuujk, por lo que la vacante se encuentra disponible. Yo propondría llamarlo patseen, utilizando el prefijo pa- que denota que algo es falso o incompleto, y tseen, el nombre genérico de los pinos (conocidos en la zona como ocotes). Aunque siempre existe la posibilidad que pudiera llamarse mats tseen ¿no creen?

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Existe numerosas fuentes de información sobre la casuarina. Pueden hallarse datos sobre su historia en México Forestal, o sobre su taxonomía en la Flora de Veracruz y datos adicionales en el sitio web Malezas de México.

lunes, 28 de febrero de 2011

¡Oh! parota

La primera vez que tuve conocimiento de los árboles conocidos como parotas, fue al oír unos versos compuestos por unos amigos, en los cuales se hace referencia a la majestuosidad de estos árboles. A semejanza de los versos de La Llorona o La Malagueña, los versos de la parota también cambian (en función de la memoria o la capacidad de improvisación del que las recita), aunque conservando la rima con el verso principal que dice: ¡Oh!, parota, ¡oh!, parota.

Los divertidos versos sobre la parota hacen referencia a sus características físicas: hojas, ramas o tronco, pero en términos aumentativos (hojotas, ramotas, troncote). Y es que cuando uno está frente al árbol no puede más que sorprenderse de las grandes dimensiones del mismo, lo cual justifica cualquier aumentativo posible. Este es uno de los árboles más grandes de México, alcanzando una altura de 30 metros (aunque su copa suele ser más ancha que alta) y un diámetro del tronco de hasta 3 metros.

Parota o guanacastle a orillas del camino, cerca de Frontera Comapala, Chiapas.

A este árbol también se le conoce como guanacastle, nacastle, orejón, y nombres semejantes. Éstos hacen referencia a una de las características más sobresalientes del árbol, pues sus frutos semejan orejas humanas, de ahí que se llame guanacastle, del náhuatl cuaunacaztli, formado de las palabras cuahuitl (árbol) y nacaztli (oreja). Su nombre científico es Enterolobium cyclocarpum y pertenece a la familia botánica de las Fabáceas (o Leguminosas).

Las parotas se distribuyen ampliamente en el país, en particular en zonas cálido-húmedas o cálido-subhúmedas, cerca de los cursos de agua. A nivel mundial se le encuentra en Centroamérica (es el árbol nacional de Costa Rica) y hasta el norte de Brasil. Aunque hoy en día es difícil hallar bosques compuestos exclusivamente de este árbol, Faustino Miranda afirmaba que en la Depresión Central de Chiapas los había; un bosque dominado por este tipo de árboles debió ser magnífico, ahora es más fácil hallarlos en los pastizales y orillas de caminos, así como en las cercas de los potreros.

Frutos de un guanacastle a orillas de un río. Cuetzala, Tlaltetela, Veracruz.

La parota es un árbol con amplios usos, su madera se usa como leña, carbón, y material de construcción, las hojas son alimento de ganado, y su corteza se usa para curtir pieles;  también proporciona servicios ambientales como atrayente de abejas productoras de miel, sombra, fijación de nitrógeno y conservación del suelo. Este es un árbol majestuoso e imponente, uno de los tantos que compone la diversidad de plantas que tenemos en México, y que al mismo tiempo, es fuente de inspiración para versos como los de la parota.

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En el Ayuujk de la región alta no he escuchado el nombre correspondiente a este árbol, el cual seguramente existe en la zona baja de la región mixe. La referencia más cercana es del idioma popoluca de Sayula, Veracruz (un pariente del mixe), que según Maximino Martínez (Catálogo de nombres vulgares y científicos de plantas mexicanas) es Cuytatsuic. En el Ayuujk de Tlahuitoltepec Cuy corresponde a Kipy, y es evidente que tatsuic se refiere a tätsk; así, el nombre equivalente sería Kipytyätsk, cuyo significado sería el mismo que en el náhuatl: el árbol con orejas.

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Se puede hallar información sobre la parota en los siguientes enlaces de la CONABIO y la Biblioteca digital de la medicina tradicional mexicana

lunes, 29 de noviembre de 2010

Pijy

Hace poco un profesor nos preguntaba: ¿Cómo sería la vida si no existieran las plantas con flores? El mundo en el que vivimos está lleno de ellas, es más la mayoría de las plantas que conocemos y nos son útiles son plantas con flores; frutales, cereales, leguminosas y verduras son plantas del grupo de las angiospermas, es decir, plantas con semilla cubierta (de forma distinta a las gimnospermas, que tienen semillas desnudas).

Flores de Tlahuitoltepec. De las familias botánicas: Asteraceae, Lentibulariaceae, Commelinaceae, Orchidaceae, Crassulaceae y Solanaceae

Si bien la pregunta que nos hiciera el profesor es retórica, puesto que las plantas con flores rodean nuestra vida cotidiana, hubo un tiempo en el que ellas no existieron. Aunque claro, me refiero al tiempo en el que ni siquiera se había originado el humano como especie. En realidad, quienes vieron las primeras plantas con flores fueron los dinosaurios, en el periodo Cretácico de la Era Mesozoica (hace más o menos unos 140 millones de años). Antes de eso, la vegetación era dominada por bosques de coníferas y helechos, semejantes a lo que podríamos ver ahora en los bosques de pino del país.

La flor de las angiospermas es una de las estructuras que diferencian al grupo del resto de las plantas. De los cuatro elementos básicos que conforman la flor, las estructuras más llamativas son los sépalos y pétalos, aunque en ocasiones también los estambres y el pistilo. Los pétalos deben su color a los pigmentos que poseen en sus células, que le dan tonalidades rojas, amarillas, azules, blancas o violetas, o una mezcla de todos esos colores.

Pétalos e inflorescencias de distintas flores de Patamban, Michoacán...

La existencia de plantas con flores ha sido aprovechada por muchas culturas, no sólo desde el punto de vista alimenticio o medicinal, sino en muchos casos como un elemento estético o ritual. En los primeros registros de entierros humanos se ha encontrado polen como prueba de que se depositaban flores a los difuntos, aspecto que se sigue manteniendo en la actualidad, y que en México alcanza su máxima expresión con la cempasúchil o flor de muerto.

Quizás una de las expresiones más bellas de esto sean los tapetes florales elaborados por los p’urhépecha de Patamban, Michoacán. En estos tapetes se utilizan los pétalos, sépalos, flores enteras, frutos y hojas de las plantas de la comunidad para elaborar distintas escenas y motivos geométricos; el resultado es un espectáculo visual impresionante. Si no existieran las plantas con flores, ¿cómo podríamos disfrutar estas expresiones artísticas?

 ... son utilizados para elaborar tapetes florales. En la foto, una muestra de ellos en Morelia.

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En el idioma Ayuujk, Pijy designa a la flor como estructura de la planta, aunque también aparece como sufijo de algunas plantas sin relación aparente, por ejemplo ajää’pijy (cacaloxochitl, Plumeria rubra), makpijy (cempoalxochitl, Tagetes erecta) y xuu’kxypijy (flor de colibrí, Cuphea aequipetala). Incluso es utilizado en algunos animales, por ejemplo el jaguar o kuxïpijy.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Rehilete


Una corriente de aire impulsa el movimiento de las aspas, a mayor velocidad de la corriente, el giro de las aspas también se incrementa. Con este principio se transforma la energía eólica (la del viento) en energía mecánica, y se aplica tanto en los molinos de viento que El Quijote confundiera con gigantes, hasta los molinos que extraen agua de pozos o los gigantescos aerogeneradores de energía eléctrica.


Sin embargo, este principio también tiene aplicaciones lúdicas en el juguete conocido como rehilete. Los hay de formas muy diversas: los fabricados con tres tiras de papel y un lápiz, los hechos con hojas de maíz secas sujetas a una vara, los elaborados con una hoja cuadrada y colores (cuyas instrucciones venían en los libros de texto de primaria), hasta los que venden los globeros, de plástico multicolor y metal; o más variados aún, los que simulan ser patas de correcaminos, alas de guacamayas o pétalos de flores.


Rehiletes coloridos. San Pedro Cholula, Puebla.

Esta última representación es digna de mencionar, ya que no se halla muy alejada de la realidad, pues existen plantas cuyas flores dan la impresión de estar girando, como si fueran rehiletes. El giro aparente en estas flores esta dado por la forma en la que el cáliz y sobre todo la corola (el conjunto de pétalos) de la flor se hallan dispuestos.

A esta característica se le conoce (en términos botánicos) como prefloración contorta, es decir, los pétalos se sobreponen con un lado cubriendo al siguiente y el otro cubierto por el anterior. La apariencia puede además estar complementada con lóbulos irregulares en los pétalos, lo cual también sugiere movimiento. En algunas flores los lóbulos cubren el pétalo anterior, en otras no llegan a tocarse.


Flores de la familia de las Apocináceas

Entre las familias de plantas donde la prefloración contorta es más evidente están las Apocináceas y las Malváceas. Las apocináceas incluyen plantas muy conocidas en el medio rural del sureste mexicano, como el cacalosúchil (cacaloxochitl, ajää’ pijy, nombre científico: Plumeria rubra), planta apreciada en varias comunidades indígenas y campesinas por el olor de sus flores, por lo que ocupa un lugar destacado en varios rituales, en otros contextos se usa como planta ornamental. Entre las malváceas, por otro lado, también hay plantas conocidas, como el algodón (Gossypium hirsutum), la flor de Jamaica (Hibiscus sabdariffa), u ornamentales como el tulipán de la India (Hibiscus rosa-sinensis).

Flores de la familia de las Malváceas

En la mayoría de las plantas con flor, la prefloración no es contorta, sino que presentan diferentes arreglos de pétalos. Y si bien las flores con prefloración contorta no puedan girar con el viento como lo hacen los rehiletes, esta semejanza las hace atractivas visualmente, y en lo particular, me recuerdan este divertido juguete. Hallarse con alguna apocinácea o malvácea en floración es como tener un ramillete de rehiletes.

jueves, 13 de mayo de 2010

Árboles y flores

En una historia contada por una amiga sobre un viaje a cierta ciudad del sureste poblano, narraba el testimonio de un poblador sobre la existencia de un árbol que, a lo largo del año, producía flores de dos colores distintos.

De acuerdo con esta persona, el árbol tenía un periodo en el que las flores eran de color morado y en otro periodo las flores eran rojas. A pesar de la equivocación al considerar a dos árboles semejantes (vistos de lejos) como uno solo, la percepción es acertada al mencionar que las temporadas de floración ocurren en diferentes épocas del año.

Recordé esto porque ahora que estamos en primavera (o lo que llamo la época seca y de calor), en las calles de diferentes ciudades y pueblos de México puede observarse la floración de uno de los árboles causantes de la confusión, el de las flores moradas, mejor conocido como jacaranda (Jacaranda mimosifolia). El otro árbol es el framboyán o tabachín (Delonix regia), cuyas flores son rojas.

Flores de Jacaranda en Morelia, Michoacán

Al seguimiento de los cambios en las plantas a lo largo del año se le conoce como fenología. Cada planta presenta periodos sucesivos, aunque no necesariamente independientes, de producción de hojas, flores, frutos y semillas a lo largo del año. En el caso de las jacarandas, presenciamos ahora el fin de su temporada de floración, mientras que el del framboyán apenas inicia; otras plantas florecen en otoño y algunas más en invierno. Estas variaciones en la fenología de las plantas están relacionadas con las características ambientales de su sitio de origen, que incluyen las variaciones de temperatura e intensidad de las lluvias a lo largo del año, así como la duración del día.

Framboyán cerca de Huimanguillo, Tabasco

La confusión entre estos dos árboles se debe, en parte, a su diferente fenología, pero también podría estar asociada otra estructura semejante, pues las hojas (también vistas de lejos), se parecen. Sin embargo, es necesario mencionar que sí existen plantas que pudieran tener dos flores distintas, aunque, en ese caso no estaríamos hablando de diferencias en color, sino de diferencias en el sexo de la flor.

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Ni la jacaranda ni el framboyán son originarios de México. La jacaranda es un árbol de la selva del Amazonas y el framboyán es de origen africano. Ambas plantas son muy utilizadas en la jardinería urbana y rural de México por la vistosidad de sus flores, por lo que no es raro hallarlas en los camellones, zócalos o en las orillas de caminos. No obstante, la jacaranda tiene el potencial de escaparse de cultivo y crecer como una maleza, como ya ocurre en algunos sitios del país.

lunes, 19 de abril de 2010

Tiene espinas el rosal...

Una de las (dolorosas )experiencias al trabajar con plantas es que en ocasiones, éstas nos agreden. Quien afirme que las plantas no pueden considerarse organismos agresivos, definitivamente nunca se ha metido a un espinal. Y aunque la agresividad sea una cualidad que les otorgamos los humanos, es innegable que ciertas plantas pueden parecer expertas en causar dolor, en especial las que tienen espinas. Si estas palabras no los convencen, siempre está la posibilidad de experimentar por ustedes mismos.

El origen de las espinas es distinto en cada grupo (o familia, hablando botánicamente) de plantas, ya que existen tanto espinas verdaderas como espinas falsas (púas y aguijones). Las verdaderas son aquellas que derivan de alguna parte de la hoja, e incluso las reemplazan en su totalidad. Los magueyes, por ejemplo, tienen espinas en la punta y borde de sus hojas, por lo que éstas eran utilizadas en Mesoamérica precolombina para punzarse orejas y otras partes del cuerpo y así ofrendar la propia sangre a los dioses. En el sureste de Puebla se cuenta que el “asiento de suegra” (Echinocactus platyacanthus, cactus globoso con espinas muy gruesas) era utilizado en la Revolución para que las madres confesaran dónde habían escondido a sus hijas. ¿Cómo?... las sentaban en el cactus. Y en la región alta de la Sierra Mixe, las espinas de una hierba espinosa (Eryngium sp.) son utilizadas como “aliciente” para continuar el camino.

Plantas espinosas de Tlahuitoltepec. Izquierda, arriba: un cactus (Selenicereus). Izquierda, abajo: un maguey (Agave). Derecha: una herbácea (Eryngium)

Otras plantas con espinas verdaderas son ciertas leguminosas, conocidas como acacias, mimosas, zarzas o espinos; en ellas las espinas derivan de estructuras ubicadas en la base de las hojas, conocidas como estípulas. En algunas de estas plantas, como Acacia cornigera y Acacia mayana, se ha desarrollado además una relación con hormigas (para variar, agresivas también) que habitan dentro de sus espinas. Cuando un animal o persona las toca, las hormigas responden al movimiento atacando al individuo que, además de espinado, termina mordido por hormigas.

Plantas del género Acacia, izquierda: Acacia cornigera, derecha: Acacia farnesiana (poop kujp, espino blanco o huizache)

No obstante, las espinas más famosas pertenecen al grupo de las falsas, es decir, no derivan de las hojas. Me refiero a las de las rosas y plantas afines. Estas “espinas” (que en Botánica reciben el nombre de púas) son crecimientos puntiagudos de la cutícula de los tallos, que no mantienen conexión con los tejidos de conducción del interior del tallo, lo que sí hacen las espinas verdaderas. Por esto, es más fácil quitarle las púas a una rosa, que quitárselas a un cactus.

Existe la idea generalizada que las espinas (verdaderas y falsas) protegen a las plantas de ser comidas. La agresión de la que somos objetos, es en realidad una defensa que permite la sobrevivencia de la planta, pues ¿acaso a alguien le agrada espinarse la lengua? La verdad yo no, así que procuremos el no encontrarnos cara a cara (o espina a piel), con una planta espinosa, pues llevamos la de perder.

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Las espinas son tan conspicuas en ciertas plantas que incluso les dan nombre a ellas. Plantas como el huizache o espino blanco, y la zarzamora son conocidas en Ayuujk como poop kujp (Acacia farnesiana) y kujp tsä’äm (Rubus sp.) respectivamente, en los que la palabra kujp significa, literalmente, espina (blanca en el primer caso, y con fruto en el segundo).

Además, también se han utilizado para nombrar el tipo de vegetación en que estas plantas son dominantes. Algunos de los nombres dados por Miranda y Hernández para ciertos matorrales son: Matorral inerme (sin espinas), Matorral espinoso con espinas laterales y Matorral espinoso con espinas terminales; Rzedowski, por otro lado, también incluyó al Bosque espinoso entre los tipos de vegetación de México.

martes, 9 de marzo de 2010

Nëwey

Cuando estuve por primera vez en Morelia no me había percatado de un hecho que hasta ahora llamó mi atención: en el camino diario que hago hacia el Centro de investigación donde estudio, atravieso varios arroyos. Y es que en la ciudad de Morelia existen numerosos de ellos, aunque no siempre son visibles y nadie los recuerda hasta la temporada de lluvias. Sin embargo, siguen allí y prueba de ello son los sauces que los acompañan (que son visibles independientemente de la época del año), y en esta ciudad tan carente de áreas verdes (defecto común a varias ciudades mexicanas), le proporcionan cierto verdor y contraste con las crecientes edificaciones.

Follaje de un sauce a orillas del río Tonto. Cerca de Tuxtepec, Oaxaca

Los sauces (Salix humboldtiana) son elementos típicos del denominado Bosque de galería o Vegetación riparia (y ahí vamos con la variedad de nombres). Ambos nombres hacen referencia a que esos árboles acompañan algún curso de agua, pues no cualquier planta puede crecer en ambientes donde el suelo está permanentemente húmedo. Además, dentro de los árboles de este bosque, los sauces son de los más resistentes a ciertos grados de contaminación (y si no me creen, échenle un ojo a como está el agua de los arroyos).

Pero estos no son los únicos árboles que conforman el bosque de galería, el cual puede variar a lo largo de nuestra república. En los bosques de galería también crecen las gigantescas hayas (Platanus mexicana), los frondosos ahuehuetes (Taxodium mucronatum), además de amates (Ficus), fresnos (Fraxinus uhdei), palos de águila (Alnus acuminata) y varios más.

Bosque de galería compuesto de hayas, junto al río. Ejido Tulimán, Zacatlán, Puebla.

Y así como en Morelia los sauces revelan que los arroyos siguen allí, en cualquier paisaje rural o urbano donde existan los árboles mencionados seguramente habrá agua, ya que es conocido que tanto pueblos como ciudades fueron fundados porque junto a ellos habían arroyos. Habría entonces que buscar el arroyo más próximo o la barranca más cercana para comprobar que allí siguen los sauces.

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Salix humboldtiana es el nombre científico para la planta que en Ayuujk llamamos Nëwey, y que en español se conoce como sauce. El nombre ayuujk indica su estrecha relación con el agua, ya que el prefijo në- deriva (quiero suponer) de la palabra nëëj, que significa agua. El nombre del ahuehuete (Taxodium mucronatum) tiene un origen semejante, aunque del náhuatl ahuehuetl, en el que el prefijo a- deriva de atl, que también significa agua.

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Una descripción detallada del sauce, el fresno, el palo de águila y la haya puede hallarse en la página web de la CONABIO sobre Árboles y arbustos nativos potencialmente valiosos para la restauración ecológica y la reforestación.